Después de semanas de asedio de las costas venezolanas y de destruir varias embarcaciones, supuestamente según Trump y su gobierno ocupadas por narcotraficantes, el gobierno norteamericano ha secuestrado al presidente venezolano en una operación militar limpia pero totalmente ilegal en la que ellos no han tenido bajas pero se han contabilizado mas de 80 muertos, causados por los bombardeos de distintas instalaciones de Caracas y el asalto a la residencia de Maduro, que para los secuestradores no son mas que daños colaterales que no merecen la pena ser reflejados.
Aunque N. Maduro sea un dictador impresentable que no merece la mas mínima consideración, el empleo unilateral de la fuerza militar por parte de un país que ni siquiera reconoce al Tribunal Penal Internacional, representa un paso atrás en los avances de la humanidad pactados después de la 2ª guerra mundial. Estos avances nunca han sido suficientes pero han supuesto un paso, al menos teórico, que alejaba al mundo de la barbarie de siglos anteriores. Trump está decidido a acabar con todas esas instituciones.
Los argumentos que Trump y su gobierno desarrollaron en la larga rueda de prensa que convocaron recuerdan mucho por la cantidad de despropósitos e incoherencias de cualquier comparecencia de Diaz Ayuso, o de N. Feijóo o alguno de los miembros dé su ejecutiva.
No quiero abundar en argumentos que están siendo expuesto de forma reiterada en estos días pero conviene destacar algunos aspectos, que como viene siendo habitual en el PP, aprovechan en forma un tanto "palurda" cualquier circunstancia internacional para atacar al gobierno de España
La derecha y la ultraderecha española tienen una obsesión enfermiza por tratar la situación en Venezuela como si se tratase de un problema de política interna española, culpabilizando de ella a Pedro Sánchez y al presidente Zapatero, al que no perdonan la extraordinaria labor de intermediación que ha realizado en este país en la que ha conseguido, entre otras cosas, devolver la libertad a muchos exiliados, a los que ellos dicen defender.
La primera reacción del PP fue de euforia por la "devolución" de la democracia a Venezuela que había conseguido la intervención militar norteamericana, sin mencionar siquiera su caracter ilegal por violar la legislación internacional. Uno de los portavoces mas torpes del PP, y en ese partido ese puesto esta muy disputado, Diaz Bendodo llegó a decir de forma enfática que el PSOE estaba en el lado incorrecto de la historia, lado que, por lo que es está viendo, comparte con la inmensa mayoría de la comunidad internacional mientras que el PP se ha quedado solo en "su lado correcto".
El PP dijo compartir la alegría de los exiliados venezolanos frente a un gobierno, que según ellos, ha sido aliado permanente del régimen chavista. La esperanza lógica de los exiliados que sufrieron directamente la represión del dictador es comprensible, la posición del PP, que responde a la demagogia política habitual, NO. En este caso, como tantas otras veces se han precipitado en marcar su posición sin comprender lo que estaba muy claro en las declaraciones de Trump, lo que le interesa es controlar el petróleo y los recursos minerales y demostrar al mundo que sudamérica es territorio bajo dominio norteamericano y no vamos a consentir que nadie nos haga la competencia, el resto: la democracia, los resultados electorales del 2024, las organizacione internacionales o los derechos humanos en general, son detalles secundarios de menor importancia.
Los que se apresuraron a celebrar el secuestro se ven ahora obligados a compartir la frustración de los exiliados venezolanos, cuando Trup mantiene a Delcy Rodríguez como presidenta y desprecia la figura de los ganadores de las elecciones de 2024
Los países civilizados tenemos la obligación de protestar por estos abusos imperialistas y utilizar las instituciones internacionales para tratar de poner freno a los abusos de este presidente aun siendo conscientes de las dificultades para hacerlo y sabiendo que solo la sociedad americana podrá en su momento retirarle el apoyo popular a este nefasto dirigente.
Uno de los argumentos del PP y sus medios afines es hacer un recopilatorio de las barbaridades políticas de Maduro para justificar su detención ilegal y para señalar como bolivarianos maduristas a los que no compartimos ese procedimiento aunque critiquemos al gobierno de maduro.
Hay que comprender que si una sociedad democrática defiende como inviolable la intimidad del domicilio y prohíbe de forma tajante que este principio sea vulnerado salvo por decisión judicial, el derecho internacional defiende del mismo modo el principio de no injerencia aunque el gobierno de un país tenga unos comportamientos intolerables.
Solo la justicia internacional -Tribunal Penal Internacional- tiene la capacidad de decidir la detención de un mandatorio, como hizo con éxito en su día con Pinochet o como intenta hacer ahora con Netanyahu.
Este procedimiento es complejo y muy difícil de aplicar y permite mientras no se faciliten las actuaciones del TPI, que sobrevivan dirigentes impresentables durante mucho tiempo hasta que los ciudadanos de su país sean capaces de expulsarlos, lo que en muchas ocasiones es prácticamente imposible.
El procedimiento adecuado por parte de EE.UU. hubiera sido poner una denuncia ante la fiscalía del TPI y una vez admitida, proceder a la detención de Maduro dado que es uno de los pocos países que tiene medios para hacerlo. Lamentablemente EE.UU. no reconoce la autoridad del TPI, como tantas otros mecanismos internacionales que prefiere ignorar.
A nivel español hay que lamentar que el PP, supuesta alternativa al gobierno de España, justifique el método del secuestro como herramienta válida para resolver los problemas internacionales.
Su obsesión por llegar al gobierno hace que cualquier procedimiento por ilegal que sea les parezca adecuado.
